Parte médico del Dólar Estadounidense

 

Terminó la primera mitad de 2020, año que dejará huella no solo en términos sanitarios y sociales, sino también en términos económicos.

La economía mundial sufrió un frenazo en seco con la expansión del famoso virus, dejando a Asia y Europa sumidas en una recesión y a Estados Unidos en medio de una de las peores tormentas económicas de su historia.

Que no nos engañe la cotización del Nasdaq 100, la cual, mientras escribo esta nota, se aventura un día más en terreno desconocido de máximos históricos, la economía estadounidense hace meses que está en la UCI.

El virus atacó a la mayor economía del mundo provocando un fallo multiorgánico: el suministro se interrumpió, el comercio minorista se desplomó, el desempleo reapareció en la escena, las compañías comenzaron a quebrar y, por si fuera poco, el descontento social se apoderó del país. Difícil panorama para un año de elecciones.

Washington y la Reserva Federal no encontraron más salida que esconder el problema bajo una enorme alfombra de dinero barato, sino gratis, para todos.

Hemos visto como se rescataban empresas por considerarse “estratégicas” para la economía estadounidense, préstamos especiales a pequeñas y medianas empresas, compra masiva de bonos corporativos por parte de la Reserva Federal, quien es ahora uno de los 3 principales tenedores de bonos de Estados Unidos. Pero no piensen que esto se limita al mundo corporativo, recuerden el cheque de 1.200 USD que se entregó a cada trabajador y el subsidio especial de 600 USD semanales para los desempleados; hay dinero para todos, solo hay que imprimirlo.

Este esfuerzo sin precedentes de hacer como que todo está bien ha provocado una explosión del déficit presupuestario que, tan solo en el mes de junio, alcanzó los 863 mil millones  de USD (101 veces más que el mismo periodo de 2019). Y es que son circunstancias excepcionales, y requieren de medidas excepcionales.

El enfermo, lejos de mejorar, se está enfrentando hoy a una segunda ola de contagios que no tardará en obligar a los estadounidenses a volver a paralizar su economía, y a la que no se podrá responder de otra forma que con más y más dinero gratis.

A las preocupaciones crecientes ante una posible depresión económica y una crisis financiera, se les empieza a sumar un nuevo riesgo, una crisis del Dólar.

Los precios del oro han protagonizado un fuerte movimiento alcista, y ya están a poco más de 100 USD de su máximo histórico, quizá mostrando la preocupación por la solvencia y estabilidad del billete verde.

Se han oído voces discordantes al respecto durante los últimos años, pero, ahora más que nunca, parece que los acontecimientos respaldan al tan temido eslogan: “se acerca el fin de la hegemonía del Dólar”.

 

Columna realizada por Miguel Marcos

Licenciado en Economía por la Universidad de Salamanca, cursó estudios de postgrado en Mercados Financieros y Gestión de Activos en el IEB.

Actualmente es Director de ventas de XTB en Latinoamerica. Esta especializado en análisis macroeconómicos, mercados monetarios y mercados de renta fija. Posee un profundo conocimiento de los mercados de derivados y el análisis macro-cuantitativo.