El club de las monedas volátiles

 

Chile se ha unido al club de países con tasas bajas y estables. Uno fundado hace muchos años por Japón y de persistir los inversionistas deberán adaptarse o desaparecer. Atrás quedaron las estrategias de volatilidad en la renta fija y hoy una estrategia ganadora debe ser mucho más estudiada y cuidadosa. Apostar por la volatilidad del tipo de cambio puede ser una alternativa para tener mejores oportunidades de ganancia.

El banco central japonés fue pionero y único miembro del club por décadas. Pero tras la crisis subprime, en 2011 se sumó el prestigioso Banco Central Europeo, mientras que la Reserva Federal de EE.UU. ha entrado y salido, pero ahora ya es un socio permanente. Con la debacle provocada por la pandemia del Covid-19 el club se puso de moda. Pero ojo, no todos se atreven a entrar. Para ello se necesita credibilidad y estabilidad financiera. El Banco Central de Colombia (el Banrep), por ejemplo, se ha mantenido al margen por el momento, justamente por temor a los efectos que podría tener tasas tan bajas sobre el sistema financiero. Creo que se equivocan y debieran estar dentro, porque como muestra la experiencia de otros países, el bajo crecimiento es un riesgo mucho mayor para la banca.

Ya son 24 bancos centrales en el mundo que tienen su tasa de política monetaria por debajo de 1%. En la mayoría no las pueden bajar más y en otros el espacio es muy limitado. Además, todos han anunciado que las mantendrán bajas por un tiempo prolongado. Incrementos se ven muy lejanos, no solo por los efectos de la pandemia, sino además porque los niveles de endeudamiento en estos países son tan elevados y crecientes que subir las tasas es cada vez más doloroso. Algunos ya lo denominan “la trampa de la deuda”: el endeudamiento continúa aumentando lo que incrementa el riesgo de un default masivo si las tasas suben. Por tanto, mientras más tiempo pasan los países en esta situación de tasas bajas y estables/predecibles, más difícil es salir. Es como una adicción.

Pero si se tratara solo de las tasas de interés de corto plazo adaptarse no sería tan de vida o muerte. De los miembros del club una mayoría está además interviniendo los mercados de tasas a plazos más largos comprando bonos de gobierno y en algunos casos incluso bonos corporativos, el conocido QE, pero a escala monumental. De este modo están logrando mantener las tasas de más largo plazo bajas y relativamente insensibles a variaciones en la percepción de riesgo. Es más, desde 2016 el Banco Central de Japón (socio fundador) puso objetivos explícitos para las tasas de los bonos de gobierno, jugada a la que se sumó el Banco Central de Australia en marzo de este año.

Esta es una nueva realidad que estamos conociendo y que debiese implicar tasas más estables, pero tipos de cambio más volátiles. Y como en todo cambio, el más flexible es premiado. Tomemos el ejemplo de Chile. Hasta hace poco con una deuda pública muy baja, ahora se espera que aumente a niveles por sobre 50% del PIB en pocos años. Además, se teme que se puedan seguir adoptando políticas poco eficientes, como el retiro parcial de los fondos previsionales, o derechamente insostenibles. Si algunos inversionistas se ponen un tanto nerviosos, decidirán vender sus bonos y comprar dólares para invertir en otros países. Eso llevaría a que las tasas suban (mayor oferta de bonos) y el tipo de cambio aumente (mayor demanda por dólares). Con las tasas más altas y el dólar más caro, algunos inversionistas preferirán quedarse, lo que suaviza los efectos. Pero en la situación actual, no es descartable que el Banco Central de Chile entre a comprar bonos (ya sea propios, bancarios y ahora también de gobierno), para evitar que suban las tasas. Eso lleva a que más inversionistas se quieran ir y el tipo de cambio aumente más.

Así, en los países del club se reduce significativamente la volatilidad de las tasas de interés, de las pendientes de las curvas de rendimiento y los diferenciales de tasas con otros países, especialmente con otros miembros del club. Tratar de obtener rentabilidad en este mercado se hace más difícil. Pero parte importante de la volatilidad perdida en tasas se debiese trasladar a los tipos de cambio, donde se abrirían nuevas oportunidades, no solo en los mercados spot, sino en los puntos forward y los cross-currency trades.

¿Pero no será este un camino al desastre, como lo eran los tipos de cambio fijo? Son varios los riesgos. Algunos ejemplos: (i) el fuerte endeudamiento se va convirtiendo en un lastre para el crecimiento; (ii) el Banco Central se va apropiando de una participación cada vez más grande del mercado de bonos; (iii) el crédito barato tiene a asignarse de mala manera y; (iv) las utilidades de los bancos sufren y ponen en riesgo su solvencia y reducen su capacidad de generar crédito. Es difícil determinar qué tanto puede durar esta situación sin provocar otra crisis. No hay mucha experiencia previa. Mientras no se acabe la tinta, los bancos centrales pueden seguir imprimiendo dinero y comprando bonos. En mi opinión, esto puede durar mucho, incluso años, y si no vamos preparando una buena estrategia de salida, va a termina de mala manera.

 

Columna realizada por Igal Magendzo

Socio fundador de Pacífico Research. Licenciado en Economía y Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén y PhD en Economía de UCLA. Trabajó 12 años en el Banco Central de Chile donde llegó a ser Gerente de Análisis Macroeconómico.