¿Somos tan OCDE?: El Banco Central se gradúa

En Chile se está legislando para que el Banco Central (BCCh) pueda acceder a comprar bonos del gobierno en el mercado secundario. Rápidamente aparecen las voces de alarma esgrimiendo el famoso aforismo: “la oportunidad hace al ladrón”. ¿Cuál es la aprensión? Que un eventual gobierno populista obligue al Banco Central a comprar su deuda de modo de poder gastar mucho, lo que derivaría en finanzas públicas insostenibles y una inflación galopante. Los ejemplos en Latinoamérica abundan. Pero, hay que contextualizar.

Ray Dalio, fundador de la prestigiosa administradora de inversiones Bridgewater, identifica tres etapas para la política monetaria expansiva. Las etapas serían las siguientes:

Etapa 1: En la primera etapa el banco central ajusta la tasa de interés de corto plazo. En Chile, tras alcanzar 5.25% a mediados de 2011, el BCCh ha reducido la tasa de política monetaria (TPM) de manera sistemática. Esta tendencia se profundizó con la actual crisis sanitaria. En el mismo periodo, las tasas de mercado han ido a la baja y el peso ha perdido valor, pasando de estar en torno a $470 por dólar a mediados de 2011 a estar sobre $700 desde septiembre pasado. Tras la crisis originada por el Covid-19 el BCCh redujo la TPM a 0.5%, nivel considerado (por ahora) como el mínimo técnico.

Etapa 2: Cuando la tasa de interés de corto plazo alcanza su mínimo y la inflación no aparece se pasa a la segunda etapa que consiste en que el BC compra activos financieros en el mercado secundario. El propósito es inundar de liquidez el sistema financiero de modo que se incremente el crédito y se deprecie la moneda, estimulando así el consumo, la inversión y las exportaciones. Esto es lo que se conoce como relajamiento cuantitativo (QE, por su nombre en inglés). Con la crisis del Covid-19 y la TPM en su mínimo el BCCh pasó a comprar sus propios bonos y bonos bancarios, lo que califica como QE.

Etapa 3: Sin embargo, en las circunstancias actuales no se reactiva el gasto y la inflación sigue muy baja. En estas situaciones los BC pasan a la tercera etapa (y final) que consiste en transferir recursos “directamente” a los consumidores e inversionistas. En esta categoría se encuentran, por ejemplo, la “monetización del déficit”, en que el Banco Central le “pasa” dinero al fisco para que este lo inyecte directo a la economía o le entrega créditos al público, lo que incluye comprarles deuda a las empresas. Los BC más importantes del mundo desarrollado se encuentra en esta etapa. El BCCh también incursionó, aunque tímidamente aún, en la tercera etapa de la política monetaria entregando financiamiento no solo a bancos sino también a otras instituciones que otorgan crédito, condicional a que la plata llegue a las empresas. Si sumamos a eso la garantía del estado, el BCCh a través del sistema financiero está prestando a las empresas a tasas subsidiadas, donde el riesgo lo asume mayormente el fisco.

Por ahora en Chile la política monetaria desplegada, que podría decirse está en etapa 2.5, ha sido suficiente para mantener las tasas bajas y evitar un desplome de los precios de activos a la vez que el peso se mantiene relativamente devaluado respecto del dólar, pero sin desplomarse. Pero ¿qué pasa si el consumo y la inversión se continúan desplomando o no se recuperan con fuerza? Entonces será necesario profundizar el QE y recurrir con más fuerza a la política monetaria de la tercera etapa. Por eso ahora se discute la reforma legal que faculta al BCCh a comprar deuda del gobierno en el mercado secundario. Si lo que ha pasado en los países desarrollados es una guía, el BCCh necesitará este tipo de herramientas para mantener las tasas bajas y el tipo de cambio depreciado, y el gobierno podría necesitar de esta política para financiarse a bajo costo. Todo con la idea que el consumo, la inversión y las exportaciones se sigan moviendo.

Pero ¿y si en un futuro aparece un líder populista que “obliga” al BCCh a comprarle la deuda aún cuando no haya problemas de liquidez y no necesitemos política monetaria de segunda etapa? Me parece difícil argumentar que políticas populistas dependan de la facultad del BCCh de comprar deuda pública en el mercado secundario. No conozco evidencia en esa dirección. No solo los BCCh de países desarrollados tienen una larga historia con este tipo de operaciones y han logrado mantener la inflación baja y estable, también hay casos así en Latinoamérica, como México y Colombia. No podemos diseñar las políticas en base a la desconfianza en nosotros mismos cuando llevamos décadas de responsabilidad fiscal e inflación baja con un BC altamente creíble. ¿Dónde quedó lo de ser jaguares o de la OCDE? Esto sí se justificaba cuando nuestro pasado reciente nos hacía dudar, pero hoy podemos sumarnos a la tendencia mundial y no claudicar en términos de la política monetaria. Especialmente en momentos en que la posibilidad de usar esos instrumentos puede hacer una diferencia relevante.

 

Columna realizada por Igal Magendzo

Socio fundador de Pacífico Research. Licenciado en Economía y Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén y PhD en Economía de UCLA. Trabajó 12 años en el Banco Central de Chile donde llegó a ser Gerente de Análisis Macroeconómico.